Tres grandes razones para celebrar tus imperfecciones y defectos

¿Te has parado a pensar que inviertes una gran parte de tu energía y de tus acciones en

ser lo que no eres en este momento,

sentir lo que no sientes en este momento,

tener lo que no tienes en este momento,

hacer lo que no deseas en este momento?

Y me incluyo. He dedicado la mayor parte de mi existencia a ello.  Pues, ¿qué hay de malo en desear la transformación de un estado o situación, en desear corregir mis defectos, mis errores y mejorar mi situación actual (interna o externa)?

De hecho, ¿quién serías ahora si de bebé no te hubieras ido verticalizando impulsado por el anhelo de alcanzar lo inalcanzable, de tocar lo intocable y de escalar lo imposible?

Y con respecto a todas esas emociones incómodas, indeseables y molestas… ¿quién serías ahora si sólo vivieras una única y plana emoción, sin experimentar la agridulce tristeza de una pérdida y de la añoranza momentáneas? ¿Dónde quedaría la fuerza motriz que te proporciona la ira para generar cambios y enmendar entuertos? ¿Y qué del miedo consejero, ese que te avisa que prestes atención a tu entorno, a una persona o situación por haber un peligro inminente? Y de los vaivenes del amor, ¿quién serías sin ellos?

Con una única y plana emoción desaparecería toda la poesía del mundo y de nuestros corazones.

¿Qué sería del desarrollo de los vehículos, de la tecnología, de la medicina, del arte, si SIEMPRE permaneciéramos iguales: siendo lo que somos, sintiendo lo que sentimos, teniendo lo que tenemos y haciendo lo que hacemos? Entraríamos en contradicción con nuestra propia naturaleza cambiante.

Si nuestro cuerpo está en continuo estado de cambio, ¿cómo no iba a estarlo y a impulsarlo el conductor o la conductora del “vehículo”?

Y tú, ¿dónde estarías ahora si en ti no vibrara de fondo el anhelo de cambio?

Gracias a ese deseo de superar y transformar habrás vivido y creado contextos maravillosos en tu vida y, a buen seguro, en las vidas de otras personas también.

Pero el cambio requiere una mirada especial, una mirada capaz de sostener opuestos, de integrar contradicciones.

Puedo afirmar que he vivido transformaciones profundas gracias a esa mirada, a la Paradoja del Cambio. La Paradoja del Cambio apunta al hecho de que el cambio es mucho más fácil y transitable cuando aceptamos primero lo que somos, lo que sentimos, lo que hacemos y lo que tenemos en el ahora.

Contextualizo. Hay momentos en el día en los que siento ansiedad, o sensaciones incómodas en el cuerpo. He notado con los años que cuando lucho para evitar o suprimir dichas sensaciones, parecen agudizarse. Igual ocurre con los momentos de mal humor. Cuando sale la gruñona en mí y me censuro, no sólo caigo en lo mismo sino que surge en mí toda una serie de matices del malestar: vergüenza, ansiedad, frustración. Podría seguir. Y, sin embargo, cuando doy permiso a la gruñona en mí para que tenga su razón de ser y su espacio, casi de forma instántanea (a veces tardo un poco más) vuelvo a conectar con mi paz interna.

Por lo tanto, para esos momentos en los que surgen tus “defectos”, incongruencias e imperfecciones, con su malestar consiguiente, comparto aquí algunas pautas para transitar mejor tus propios prejuicios y anhelos de perfección.

1. La aceptación de la imperfección como punto de partida mejora tu relación contigo… y con el resto de la humanidad.

La perfección es un callejón sin salida que no lleva a ninguna parte y aporta una única opción.

Carl Rogers, el padre de la Psicología Humanista, decía que para que una relación prospere, tienen que cumplirse tres reglas  – y la relación más importante y determinante de las demás es la que tú tienes contigo:

  • Autenticidad.“Esto es lo que hay ahora. Lo acepto, lo miro y le doy espacio, aunque después cambie.”

  • Aceptación incondicional.“Soy humano y me doy permiso para ser multifacético, equivocarme, fallar, y ser imperfecto en todos los aspectos y sentidos de mi vida.”

  • Empatía. “Me permito acompañarme durante el proceso.”

Por lo tanto, deja de invisibilizarte ante ti.

Date permiso para ser quien eres, sentir lo que sientes, tener lo que tienes y hacer lo que haces en este preciso instante.

Eso es algo así como mirarte a los ojos.

2. La imperfección es como una única faceta de un diamante: si lo giras, hay muchas más facetas.

Un defecto es tan solo una cara del diamante que necesariamente va aparejada con otras caras potenciales.

Por ejemplo, muchas personas que se consideran hipersensibles y desprecian la hipersensibilidad como defecto, también son tremendamente empáticas y compasivas.

Las personas que censuran su propia reserva en las relaciones grupales suelen ser buenas escuchantes y perspicaces observadoras, al igual que las personas que se quejan de falta de organización, pueden ser bastante creativas y ecuánimes.

Son las otras facetas del diamante, que en todo su conjunto hacen de ti alguien único y singular.

Claro que esto no es una verdad absoluta, nada lo es, pero te invito a indagar y a encontrar el potencial oculto entre tus defectos.

3. La conciencia de la imperfección te impulsa al cambio.

Nuestros errores, defectos e imperfecciones, al percatarnos de ellos, abren puertas a nuevas posibilidades para el aprendizaje y la transformación, pues nos ofrecen la oportunidad de indagar en otra manera de hacer las cosas.

El maestro zen Shunryu Suzuki decía “Eres perfecto como eres, y todavía queda espacio para mejorar.” ¡La paradoja del cambio de nuevo!

A menudo trabajo con personas en cargos ejecutivos y de responsabilidad, personas muy trabajadoras; tanto es así que a veces terminan quemándose (eso que llamamos burnout). Cuando su exceso de celo en el trabajo les lleva a la deriva, se les presenta la oportunidad de aprender nuevas destrezas, como las asociadas a la inteligencia emocional (escucharse, leer las señales del cuerpo, practicar la atención plena, crear tiempo para sí), por ejemplo.

De esta manera, podemos ver cómo nuestras propias imperfecciones nos conectan con nuestra Sabiduría Interna y nos permiten evolucionar hacia una experiencia mejor de vida.

Entonces, como decía Rogers, desde la autenticidad, la aceptación incondicional y la empatía puedes mejorar la relación que tienes contigo. El reto no está ni en deshacerte de todos tus defectos e imperfecciones, ni en vivir resolutamente con ellos sino, como dice Shunryu Suzuki, en ambas a la vez.

El desafío de la imperfección radica en aceptarla y mejorarla, no para hacerte mejor persona, sino porque el proceso de tomar conciencia de ella, de contemplar las posibilidades que te ofrece y transformarla en algo mejor y humano a la vez, te conducirá por el camino a la vida plena.

Gracias por tu Compañía.

Y mucha Luz en tu Camino.

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