Qué ocurre en un proceso de coaching profesional

“Habla para que yo te conozca.”  Sócrates

En los últimos años el coaching está en boca de muchas personas en España, donde ya despunta como una profesión más (en países anglosajones está normalizado). En este artículo explicaré lo que es realmente el coaching y qué puedes esperar de un proceso de coaching profesional.

No voy a entretenerme hablando de sus orígenes, ni tampoco de otros temas que generan polémica acerca de esta profesión, ya que hay información suficiente sobre ello en internet para que cada cual saque sus conclusiones. Pero sí me gustaría, como coach “veterana”, con casi dos décadas de experiencia en esta labor, y visto el nivel de discrepancia que hay sobre la profesión, aportar algo de luz acerca de lo que supone un proceso de coaching profesional, a sabiendas también de que es imposible abarcar todo lo que quisiera en una sola entrada del blog.

¿Qué es y qué ocurre en un proceso de coaching?

El coaching (pronunciado “couching”, si prefieres adherirte a la pronunciación inglesa) en esencia es un proceso de acompañamiento individual, o de equipo, orientado a desvelar tu potencial, para traducirlo a la realidad en forma de acciones concretas orientadas a crear algo nuevo, o a optimizar lo que ya existe.

En un artículo titulado “Leadership That Gets Results” (“El liderazgo que obtiene resultados”), Daniel Goleman publica un estudio de 3,000 ejecutivos de éxito, de los que destila 6 estilos de liderazgo específicos. Uno de los estilos es el Liderazgo Coach, estilo que tiene un impacto decididamente positivo en tres aspectos de las organizaciones: clima, desempeño y resultados. Y es que el coaching ayuda a potenciar el enfoque (la capacidad de discernimiento en cuanto a dónde ponemos la atención en el día a día), el valor (para pasar del pensamiento a la acción), y la resiliencia  (la capacidad de afrontar la adversidad con éxito).

La mayor parte de mis clientes (provenientes de ámbitos muy variados) inician un programa de coaching porque desean crear algo nuevo (“un cambio”) en sus vidas, su empresa, su profesión o sus relaciones, o bien porque la vida les ha lanzado de improviso a un proceso de cambio (se enfrentan a una adversidad) en alguna de estas áreas y desean superar el reto con maestría. Lo que buscan estas personas es la manera de facilitar ese proceso de cambio y transformación con apoyo profesional.

Imagen: Christopher Windus – @chriswindus

Piensa en la última vez que decidiste cambiar algo importante en tu vida. ¿Cómo te fue? Es posible que contestes “muy fácil”, pero lo más probable es que respondas algo así como “¡Uf!”. No te sorprendas si respondiste “¡Uf!”. Es algo común en nuestra raza humana.

Un estudio de Neil, Wood y Quinn, de la Universidad de Duke, afirma que el 45% de nuestras horas de actividad están dirigidas por nuestros hábitos lo cual, si lo piensas, es verdaderamente impactante porque nos indica que vivimos casi la mitad de nuestras vidas de forma inconsciente. Cuando la inconsciencia y los hábitos que surgen de ella están arraigados en nuestros miedos, nuestros hábitos se convierten en un problema.

Y es que ahora, con el auge de la neurociencia, sabemos que el cerebro funciona de forma paradójica: a la vez que actúa como arquitecto del cambio su labor también consiste en resistirse a él, porque si estuviésemos cambiando constantemente nuestras decisiones y acciones, viviríamos en un caos absoluto. Imagínate que hoy te casas y mañana por un capricho decides divorciarte, o que hoy estableces unos protocolos de seguridad en tu equipo y mañana los cambias porque simplemente cambiaste de idea, o que hoy decides dejar tu trabajo para dar la vuelta al mundo y mañana te arrepientes. ¡Nuestras vidas serían más montañas rusas de lo que ya son!

Es por ello que nos encontramos a menudo con que queremos un cambio pero a la vez no lo queremos, y experimentamos la tremenda fuerza de la resistencia. ¿Cuántas veces te ha ocurrido que te cuesta lograr algo que en principio deseas?

Te invito a leer los siguientes planteamientos iniciales de algunos de mis clientes. ¿Qué tienen en común?

“Quiero cambiar de profesión, pero no sé por dónde empezar:”

“Delegaría más en mi equipo, pero ellos no están preparados ni lo saben hacer como yo.”

“Quiero hablar en público con confianza, pero me pongo muy nervioso, me achico y me vuelvo incompetente en cuanto noto que me miran.”

“Mi sueño es viajar por el mundo, pero no tengo dinero.”

“Quiero jugar al tenis sin enfurecerme, pero cuando fallo pierdo el control.”

¿Lo encontraste? Así es. La palabra “pero”. El pero en todos y cada uno de estos casos expresa un conflicto interno, y es aquí donde radica el quid de la cuestión de una buena parte de mi trabajo como coach.

Yo lo explico así. Decidimos que queremos algo y es como si de pronto se configuraran dos mapas en nuestro cerebro. El mapa de lo que deseamos (MAPA A) y el mapa de lo que vemos como “la cruda realidad” (MAPA B), es decir, el mapa de lo posible (MAPA A) y el mapa de lo imposible (MAPA B). En el MAPA A está nuestro deseo, pero en el MAPA B están todos los impedimentos y obstáculos del camino para hacer realidad ese deseo, aunque existan sólo en nuestra portentosa imaginación.

Imagen: Simon Migaj – @simonmigaj

Nuestra tendencia, mayoritariamente, es concentrar nuestra atención y energía en el MAPA B. ¿Por qué? Porque es el más familiar, es donde están almacenadas todas las “evidencias” que corroboran los supuestos que oculta este MAPA B, es donde están nuestros hábitos de pensamiento, de decisión y de acción, nuestras experiencias del pasado, nuestras percepciones acerca de lo que constituye un éxito y un fracaso, donde está todo lo conocido. Esto es clave: todo lo conocido está en el MAPA B, de ahí la resistencia al MAPA A. Ante lo desconocido nos sentimos muy vulnerables y optamos por mantener el status quo. Eso es lo que viene a continuación del “pero”: el miedo.

Tim Gallwey, un entrenador de tenis que posteriormente se convirtió al coaching empresarial, decía que todo jugador tiene dos adversarios contra los que juega, uno es el que está al otro lado de la red, pero el adversario que más impacto tiene es el que está en su propia cabeza y que se expresa a través del pensamiento y del diálogo interno no cuestionado.

¿Qué tiene que ver esto con el coaching? Pues que el proceso de coaching te puede abrir camino hacia el MAPA A. Y en el proceso de crear y transitar por el MAPA A, creas un camino hacia tu sueño, a tu proyecto, a lo que deseas, desarrollas nuevos recursos internos, nuevas formas de pensar, de decidir y de estar y actuar en el mundo: te transformas y transformas tu realidad. Y a veces incluso la realidad de las personas que te rodean.

¿Qué ha de estar presente en un programa de impacto de coaching?

Soy consciente de que cada coach tiene sus propias ideas, así que lo que viene a continuación es mi visión personal basada en casi dos décadas de experiencia, formación y experimentación en esta profesión, y en mi amor por ella y por las personas a las que acompaño. Lo cual ni minimiza, ni invalida, las experiencias que puedan tener mis compañeras y compañeros de profesión.

  • La capacidad de crear y mantener la conexión y confianza.

Es importante que entre ambos (coach-cliente) exista una conexión, una buena sensación. Esta sensación nace de la presencia. Y de la presencia surge la confianza mutua. Si no existe confianza entre ambas partes, el proceso de coaching se desvirtúa. La confianza nace de seis factores, dos de los cuales son la competencia profesional (en este caso de mi parte como coach) y de los resultados que va experimentando mi cliente (se hace camino al andar). Dentro de la competencia profesional está la capacidad de poder ver a mi cliente donde no se ve aún, haciendo lo que no ha hecho aún y con los recursos que necesita para llevarlo a cabo plenamente activados. Yo lo llamo: “Creo en ti”

Imagen: Dakota Corbin – @thedakotacorbin
  • Partir de una metodología.

Existen muchas escuelas, metodologías y formas de hacer coaching. Con el tiempo y la experiencia, la metodología se hace sutil, es prácticamente invisible y no estorba (hay metodologías que hacen mucho ruido). Mi dedicación es a lo que en inglés llamamos mindset coaching que viene a ser algo así como coaching para la transformación de las estructuras mentales, de nuestras formas de pensar, para construir nuevas realidades internas y externas. Pero al no tener una traducción sucinta en español, opté por  llamarle “coaching transformador”.

Mi cometido en el proceso es (1) descubrir lo que desea crear (uno de mis verbos preferidos) mi cliente en su vida, en su empresa/organización/profesión y/o en sus relaciones, (2) descubrir y desmontar juntos sus “peros” y los falsos paradigmas con los que construye su realidad interna y externa, y (3) potenciar su capacidad creadora no sólo en su imaginación, sino en el mundo, a través de acciones concertadas.

En esencia, yo resumo las formas de hacer coaching en dos: horizontal y vertical. Y para evitar malos entendidos, lo explico enseguida. El “coaching horizontal” normalmente se resume en esto: ¿Qué quieres? ¿Qué te lo impide? ¿Qué vas a hacer para conseguirlo? ¿Cómo y cuándo? ¡Acción!

Personalmente encuentro esta forma de acompañamiento agotadora e intrusiva: parte de una visión mecanicista de la persona. Desde esta visión lo que buscamos es que la persona “funcione” correctamente. Se centra en el hacer. Lo cual, por otra parte, no quita que el hacer, pasar a la acción, sea parte intrínseca del proceso, pero es fundamental entender que pasar a la acción y los resultados que genera son consecuencia de nuestras estructuras mentales, de la relación que mantenemos con la mente y con nuestros aspectos menos visibles.

Con el tiempo, con mi experiencia trabajando con cientos de personas y una apuesta continuada por mi desarrollo profesional (¡léase aquí “una fuerte inversión”!), he ido cayendo en la cuenta de que un proceso de coaching ha de implicar algo más que ese Cómo-lo-quieres-Qué-te-lo-impide-Cómo-lo-conseguirás-¡Házlo!

Necesitamos también de un proceso de “coaching vertical”, que atienda a la persona en sí, al SER extraordinario que tengo delante y que lleva dentro un mundo invisible de Sabiduría Infinita, pensamientos, emociones, paradigmas, trayectoria vital, talento, en definitiva un inmenso mundo interior.

El reto entonces consiste en llevar la atención a lo horizontal (aspecto hacer) y a lo vertical (aspecto ser), a lo visible y a lo invisible, y no sólo a uno o a otro.

  • Tener marcos de referencia claros y desarrollar marcos nuevos.

Un marco de referencia es un conjunto de consideraciones de las que partimos para facilitar el proceso de coaching. Son muchos los marcos de referencia que he ido desarrollando con los años. Los dos más importantes (obviando los acuerdos formales) son estos – y te parecerán contradictorios pero son absolutamente complementarios para que el proceso de coaching prospere y genere resultados:

Imagen: Jessica Ruscello – @jruscello
(1)  Marco de referencia: “Soy imperfecta y mi cliente también lo es.”

¿Cómo “dejarte ver” ante alguien cuya vida es de película hollywoodense? Cuando una persona se proyecta como perfecta, es difícil dejarse ver o acercarse a ella.

Tener presente este marco de referencia nos libera a ambas partes de tener que fingir que tenemos nuestras vidas resueltas, que no nos equivocamos, que no tenemos emociones y pensamientos que preferiríamos no tener, que no cometemos acciones de las que nos arrepentimos, que no tenemos hábitos que estamos en proceso de transformar.

Nuestras redes virtuales están tan llenas de vidas tan perfectas, que crear un espacio en el que ambas partes nos damos permiso para ser 100% humanos, es un descanso mental. Y genera confianza mutua, auto-confianza y la tranquilidad que llevan a la claridad mental que conduce al MAPA A.

(2) Marco de referencia: “Existe una Sabiduría Infinita a la que tenemos acceso en cualquier momento.” 

Esta es una de las distinciones más importantes de mi trabajo como coach. Muchas de las personas que llegan a este tipo de acompañamiento, en la fragua del desafío que supone alcanzar su objetivo con todo el ruido mental que surge, han olvidado quienes son realmente.

Mi labor es recordarles esto: “Eres Sabiduría Infinita”. Esta Sabiduría Infinita es la que hace que una bellota se convierta en roble y no en margarita, y que nadie le tenga que decir cómo hacerlo; es la que hace que en un momento de intuición algo en nosotros de pronto se transforme y que cambien nuestras decisiones y acciones y, por consiguiente, nuestras vidas.

Saber que siempre tenemos acceso a esta fuente interna de sabiduría (somos esa sabiduría), nos invita a escucharnos y a tener paciencia. Exploraremos juntos, pero las respuestas van a venir siempre de los insights (momentos de ¡ajá!) que mi cliente tenga, estimulado por el proceso de exploración o las dinámicas y acciones propuestas durante el programa.

  • Hacer que la conversación de coaching sea significativa.

La conversación focalizada es el contexto en el que sucede un proceso de coaching y en el que interactúo con mi cliente. Esta conversación no es como una conversación  de las que mantenemos con familiares, amigos o colegas.

En esta conversación están presentes muchas de las herramientas del coaching profesional: la agudeza sensorial y escucha profunda y comprometida que me permite escuchar no sólo lo que dice mi cliente con sus palabras, sino también lo que no dice o lo que dicen sus gestos, su tono de voz y sus actos; la capacidad de realizar preguntas incisivas y a veces incómodas o de desafiarle; la capacidad de identificar sus talentos y sus buenas estrategias (aun cuando no es capaz de verlos) y fomentarlos; la capacidad de desbancar con delicadeza y arte sus creencias limitantes; la capacidad de establecer nuevos paradigmas y distinciones, sea a través de la misma conversación o de las acciones propuestas para realizar entre sesiones.

En definitiva, la conversación de coaching es el sutil arte de despertar a otra persona. ¿Despertarle a qué? A sí misma, a la vida y a todo el potencial que hay presente en ambas.

¿Qué quiere decir que una conversación de coaching es significativa? Pues que marca una diferencia. Si no marca una diferencia, no es significativa, independientemente de que la diferencia que marque sea en la sesión o en el día a día posterior (a veces ocurre que el “clic” viene justo después).

  • Impulsar a la Autoría: invitarte a ser cada vez más tú.

Las películas de Hollywood nos hacen creer que líder es el personaje que se pone la máscara y conecta al instante con sus súper-poderes. Realmente es al revés. Líder es quien se quita la máscara y confía, sabe, que su súper-poder es algo que no sólo él o ella lleva dentro, sino que llevan dentro todas las personas que le rodean. Y lo transmite. Esa es la autoridad, la autoría.

Recuerdo que a una de mis clientes, llamémosla Celina, una ejecutiva con 14 personas a su cargo, le pedí hacerle de sombra (acompañarla en la ejecución de su labor y observarla en plan “mosca en la pared”) en sus interacciones con su equipo (ella quería crear una mejor relación con ellos ya que decía que no la respetaban).

En ese acompañamiento pude notar que cada vez que Celina comunicaba algo de peso a un miembro de su equipo, se encogía de hombros, achicándose ligeramente y emitía una risita un tanto infantil, con voz y gestos de niña pequeña.

Cuando estuvimos a solas y después de conversar sobre diversos aspectos del seguimiento, le pedí permiso a Celina para comentarle algo que había observado y me lo dio al instante (hay algo maravilloso que tienen en común mis clientes, y es que están anhelantes de aprender y de evolucionar, a pesar de la incomodidad que esto les traerá).

Le pedí que regresara a la conversación y que recordara el propósito de dar la instrucción al miembro del equipo. Una vez lo constató, exploramos lo que había en exceso en su instrucción y lo detectó de inmediato (su insight, su momento de ¡ajá!). Celina comentó que temía “caer mal” y de ahí la risita. Después de explorar esta percepción, pasamos a practicar de forma somática (con el cuerpo y la voz) y muy creativa, la multitud de opciones disponibles para comunicar la misma instrucción con resultados diferentes. Pudo apreciar las diferencias por sí misma e incluso identificar con cuál se sentía más ella, más coherente con su persona, sus valores y su respeto al equipo.

Cuando Celina empezó a poner en práctica esta nueva manera de comunicarse, como mujer adulta y coherente, el impacto fue determinante. Comenzó a inspirar más confianza en su equipo y pudo establecer nuevas alianzas con algunos de sus miembros.  Pero no sólo pudo constatar estos cambios en la relación con su equipo, sino que también experimentó cambios en sus relaciones familiares, en otras palabras, los cambios se generalizaron a otras áreas de su vida. Este es el aspecto generativo del coaching que nace de otro aspecto primordial que ofrece el proceso: recuperar la autoridad. Autoridad viene del latín augere, hacer crecer. Y viene de la misma raíz que autoría. 

El propósito fundamental del coaching es que la persona se convierta más aún en sí misma. Cuando nos alejamos de quienes somos para encajar (en-cajar, meternos en cajas, agradar y recibir la aceptación de los demás), perdemos nuestra autoridad porque nos disminuimos al dejar de ser los verdaderos autores y autoras de nuestras vidas. Y dejamos de ser autores y autoras de nuestras vidas porque nuestras decisiones están determinadas por lo que han dicho o dirán otras personas. Recuperar la autoría de nuestras vidas es un ejercicio vital, no importa en qué contexto, familiar, profesional, comercial o de pareja.

Imagen: Martin Sattler – @martinsattler
  • Establecer distinciones que evoquen las cualidades de líder que llevas dentro.

Aprendí del coach Steve Chandler a trabajar con distinciones. Una distinción es un contraste entre dos posibilidades, actitudes, posiciones o formas de actuar en la vida. Cuando tenemos claras las distinciones importantes, en un momento de consciencia (de claridad mental) podemos darnos cuenta de qué postura hemos adoptado para saber si deseamos re-posicionarnos. Las distinciones amplían nuestra consciencia, nuestras opciones y nuestra capacidad de elegir y ser libres.

Trabajo con muchas distinciones que he ido identificando a lo largo de los años, así que para no alargar aun más esta entrada, comparto una de las más importantes en mis programas de coaching. Esta distinción es aplicable a todas nuestras interacciones, sean personales o comerciales. La distinción es servir vs agradar.

Servir vs Agradar

Esta distinción es el sine qua non de una vida coherente y del liderazgo (de nuestra capacidad de influir con coherencia). 

En tus interacciones con otras personas hazte esta pregunta: ¿Estoy sirviendo (aportando algo de valor a la otra persona) o agradando (haciendo lo posible por caer bien y obviando mis propias necesidades)?

Nos hemos educado para ser socialmente aceptables y agradar. Nuestras familias y nuestras escuelas nos entrenaron así con la intención de que pudiéramos ser parte de “la tribu” y no se nos expulsara de su seno. Esta fue su intención positiva al hacerlo. Desgraciadamente, es precisamente esta actitud la que a menudo termina convirtiéndonos en víctimas de nosotros mismos y de otras personas, porque convertimos “agradar” en una regla universal, y evitamos decir que “no” porque tememos “herir” los sentimientos de otra persona, o para no quedar mal y perder algo que percibimos como importante en ese momento.

Siempre explico a las personas con las que trabajo, que me han escogido para que les diga la verdad, para señalar sus puntos ciegos (“Cuatro ojos ven mejor que dos”, me dijo recientemente un cliente). No tiene sentido que yo no le diga a mi cliente algo que sus colegas, su equipo, su pareja o sus hijos ven pero que no se atreven a decirle. A veces he sido testigo de formas de comunicar inadecuadas, especialmente en cascada, en jerarquías organizacionales. O he percibido incoherencias entre los valores declarados de una empresa y las actuaciones de sus miembros, especialmente a nivel ejecutivo.

Si estoy realizando una labor de acompañamiento mi función como coach es encontrar la manera de comunicar lo que veo, de forma que mi cliente quiera escucharlo (este es el reto), para que pueda traer consciencia (mayor claridad) a la situación y ampliar sus opciones e impacto positivo en ella. Como decía John Grinder, uno de mis maestros de Coaching Avanzado: “Las opciones son el elixir de los dioses”.

Pero, ¡ojo!, siempre pido permiso. Mis clientes saben desde nuestra primera sesión, donde establecemos nuestros marcos de referencia explícitos, que tengo un código, un preámbulo que utilizo con ellos, para elevar la conversación de nivel. Estos momentos son claves porque aquí es donde las personas aprenden de sí mismas. En el momento en que le pido permiso, él o ella entiende que vamos a hablar de algo que le puede incomodar pero de lo que va aprender. Y me puede decir tanto que sí como que no, y respetaré siempre su decisión.

De modo que, en la relación cliente-coach, no se trata ni de actuar como un camarero cortés que teme herir las susceptibilidades de su cliente, ni de de manera intrusiva o agresiva, infantilizándole.

La clave para mí está en convertirme en lo que el súpercoach Michael Neill denomina “una fuerza disruptiva” en la vida de mis clientes, pero una fuerza disruptiva que irrumpe con amor (sí, amor) y un profundo respeto a la persona.

De ahí que el coaching no sea cómodo todo el tiempo, ni para mí como coach, ni para mi cliente. ¡Puede ser tremendamente incómodo! Esta es la fuerza disruptiva y amorosa que asumo como coach y que he experimentado de mis propios coaches. 

  • Generar Resultados Sorprendentes.

Imagen: Bruce Mars – @brucemars

Este es el aspecto más importante del coaching: los resultados, pero no solamente un resultado final, sino los resultados que se van generando por el camino. Generamos resultados todos los días, a todas horas, con nuestras decisiones y acciones o con nuestra inacción – ¡la inacción también genera sus propios resultados!

Cuando la gente me pregunta ¿Cómo puedo encontrar a un buen/una buena coach? Siempre respondo que encuentren a sus clientes y constaten sus resultados y la transformación que experimentaron. Y estos pueden ser sutiles o heroicos, depende de la persona y de lo que se haya propuesto para las sesiones. 

La garantía de los resultados realmente no vendrá de tu coach (sería como decir que las victorias de Nadal vienen de su entrenador), sino de tu propio nivel de compromiso e implicación en el proceso.

En definitiva, lo que hace que un proceso de coaching prospere no es nada oculto, ni una técnica misteriosa que tengan los coaches. Es la alquimia que surge de la interacción entre dos personas comprometidas entre sí y de la predisposición con la que se entregan estas personas al proceso de transformación del/de la cliente (a pesar de sus resistencias, conflictos internos y miedos a realizar los desafíos propuestos).

Y es que el proceso de coaching nos hace tanto a las personas a las que sirvo como a mí, vulnerables y valientes a la vez.

En un próximo artículo desmontaré algunos de los mitos del coaching (¡hay muchos!).

Gracias por tu Compañía.

Y mucha Luz en tu Camino.

NB: Algunos de mis clientes han tenido la amabilidad de dejarme sus testimonios aquí (ve al final de esa misma página, en la sección “Palabras Amables”, con el fondo de hojas verdes): http://www.vanessalimpkin.com/.

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¡Nos vemos en octubre!

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2 Responses
  1. olivia

    Buenos días Vanessa
    Me he enamorado de la publicación, para mí cada palabra que leía ha sido un sentir mágico; no quiero ponerle palabras.

    GRACIAS

    1. Vanessa Limpkin

      Muchísimas gracias, Olivia, por compartir tu “sentir mágico”. ¡Mejor no ponerle palabras, estoy de acuerdo!

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