Desmontando los mitos del coaching

¿Considerando iniciar un programa de coaching para ti o tu organización? ¿Deseas tener mayor claridad acerca de lo que es y no es un proceso de coaching? En mi anterior entrada, Qué ocurre en un proceso de coaching profesional explico en qué consiste un buen programa de coaching.

Y en esta nueva entrada desmonto algunos de los mitos (falsas creencias) acerca del coaching profesional.

Imagen: Chase Clark @chasealliottclark
El mito. Tu coach te ayuda a lograr todas tus metas.

Los hechos. A veces, no siempre, y no todas las metas. Estas afirmaciones radicales se desmontan por sí solas porque parten de la falsa premisa de que todas las metas son deseables y deberíamos por ello hacerlas realizables. ¿No te ha pasado desear algo en una etapa de tu vida, y en etapas posteriores agradecer no haberlo conseguido?

Recuerdo una cliente con la que trabajé, llamémosla Daniela, que era empleada de banca. La dirección le instaba a vender productos financieros a sus clientes. El objetivo exigido era vender estos productos a sus clientes con la contrapartida de los regalos típicos (televisores y ese tipo de cosas). En realidad, y si te parabas a hacer cuentas, los productos no resultaban nada rentables y salía más barato comprar el “regalo” con lo que te ahorrabas al no contratar el servicio. Daniela se sentía profundamente revuelta e incoherente con su propio trabajo. Nuestras sesiones de coaching no estuvieron orientadas a “incrementar sus ventas”, aunque en un principio estuvo tentada a enfocarse en ello. Después de explorar juntas la situación, Daniela entendió que la fuente de su malestar diario no era ni su trabajo ni su relación con los clientes (esta era óptima), sino que se sentía incoherente no sólo con sus propios valores sino también con los valores declarados de la organización. Por ello, también dedicamos tiempo a identificar los desafíos que se le presentaban para transformar la situación: estos incluyeron desarrollar, proponer y negociar alternativas coherentes con la dirección y, finalmente, lanzarse a la búsqueda de un nuevo trabajo en el que se sintiera congruente y que aprovechara sus talentos, destrezas y recursos internos.

Piénsalo. Ayudar a Daniela a realizar sus metas, sin más, es la estrategia de coaches principiantes (¡yo también lo fui!) que están más focalizados en “resolver problemas” y en convertir el proceso de coaching en una medida correctiva.

El coaching profesional no se enfoca en la primera pregunta que trae el/la cliente, sino en las preguntas que aún no se ha hecho: en las respuestas a esas preguntas se ocultan los tesoros por descubrir.

Tu coach te des-cubre las preguntas ocultas por el ruido de la pregunta principal, ayudando a clarificar tus metas, identificando los paradigmas ocultos (creencias o pensamientos repetitivos) que se interponen a la posibilidad de (1) encontrar la meta significativa, o (2) transitar el camino que te has propuesto, aprendiendo a superar los desafíos que se presentan en él sin abandonar el juego.

Tu coach nunca podrá garantizar que conseguirás todas tus metas ya que la responsabilidad por tus actos no le pertenece a tu coach sino a ti.

El mito. Tu coach te dice cómo vivir tu vida.

Los hechos. Ningún coach profesional te dirá cómo vivir tu vida (¡ese es el coaching mal entendido!) además, hacerlo sería infantilizarte. La labor de coach radica en lo contrario: contribuir a que vivas una vida responsable, significativa y libre de restricciones por imposición propia o ajena.

Imagen: Ben White @benwhitephotography

Tu coach te aportará feedback importante para que conectes con tu confianza innata (nace al 100% de ti, no te la “da” tu coach) y expandas tu responsabilidad: tu capacidad para responder hábilmente (1) a los retos creados por ti o (2) a los que se te aparecen de improviso en el camino, y despertar a nuevas posibilidades y realidades.

El mito. El coaching es para personas con problemas.

Los hechos.  Tu coach no percibe en términos de problemas sino de desafíos. Desafíos deliciosos les llamo yo.

Todos los seres humanos, desde que nacemos, tenemos desafíos que superar. Estos nos permiten evolucionar, crecer, desvelar nuestro potencial. El problema surge cuando vemos los desafíos como eso, como un problema. Allí nos atascamos en la reactividad.

La reactividad potencia nuestra capacidad de respuesta cuando nos encontramos ante un peligro real en tiempo real. La reactividad que surge y que mantenemos por los peliculones que nos montamos en nuestra mente sólo termina por agotarnos y mermar nuestros recursos en el momento presente. ¡Por eso es tan importante transformar la mirada que hace que percibamos algo como un problema, como una amenaza!

Lo que nos permite superar desafíos es focalizarnos en crear nuevas opciones dejándonos sorprender por cualidades que surgen espontáneamente y que ni siquiera sabíamos que teníamos. Aquí es donde te enfoca un/una coach profesional: en las posibilidades, no en el problema.

Por otra parte, tu coach no te ve como “un problema”. Nadie está “roto”, por tanto no hay nada que “arreglar”. Tratar a las personas como si lo estuvieran es contraproducente y puede generar resentimiento y resistencia.

Lo que sí encuentro al inicio de mis sesiones es a personas que se sienten vacías (“Lo tengo todo y nada me satisface”), solas (“Como soy la gerente, todo el mundo me da la razón, nadie se atreve a decirme lo que piensa”), agotadas (“No doy más de mí o no sé ya cómo darlo”) e impostoras (“La gente me admira y me envidia y yo siento que soy un fraude porque hago lo mínimo con resultados brillantes”).

El proceso de coaching entonces no consiste en “arreglar” personas, sino en impulsarlas hacia su potencial, en despertarlas a su genio recordándoles quiénes son para que vuelvan a casa, al lugar donde nacen todos sus recursos. Y también consiste en despertarles a la sombra que trae el genio. Nuestros dones son monedas de dos caras y es importante aprender a vivir con ambas caras: la luz y la sombra.

Por ejemplo, una persona que asciende a un cargo con nuevas responsabilidades puede potenciar su talento para crear una visión e inspirar a un equipo hacia esa visión a través de acciones y objetivos realizables. La sombra surge cuando el afán de perfección le insta a dedicar todas sus horas a la consecución de esta visión en detrimento de otras áreas de su vida (salud, pareja, hijos, ocio). En este caso, el proceso de coaching le alertaría a esta forma de focalizar su atención y energía y a las consecuencias que ello trae a largo plazo, a fin de crear un nuevo paradigma (mindset, forma de pensar) que genere nuevas dinámicas en su forma de vivir.

Yo diría que mis clientes generalmente son personas felices que tienen desafíos entre manos, más que “personas con problemas” (aunque a menudo esta visón distorsionada sea el punto de partida inicial).

El mito. Tu coach tiene la vida resuelta.

Los hechos. ¡Permite que me ría [carcajada sonora con eco]! Tiendo a pensar que somos precisamente las personas que nos dedicamos al coaching quienes hemos creado este mito.

No hay vida perfecta, ni vida sin retos y desafíos. De hecho, ¿quién quiere un/una coach que nunca se haya enfrentado a un dilema, o a un desafío personal o profesional? Yo no. Si voy a escalar una montaña, quiero que mi coach haya escalado las suyas, aunque hayan sido diferentes de las mías.

Tu coach es un ser humano y mejor que así sea. Cuando trabajo con alguien que tiene retos con su hija adolescente, le puedo entender porque yo fui esa adolescente retadora. Cuando trabajo con alguien que desea realizar cambios imposibles y aterradores en su vida, le puedo entender mejor porque yo he transitado ese camino de incertidumbre, tropezando y levantándome, muchas veces. Cuando trabajo con alguien que no se permite brillar ni asumir su potencial, le puedo entender porque también he vivido etapas de mi vida de esa manera. Esto me permite tener una mirada compasiva y al mismo tiempo entender que los retos son superables, pero no con mi fórmula para superarlos.

Cada persona ha de encontrar su fórmula para superar los desafíos del momento. Por eso los consejos son interesantes, y a veces nos inspiran, pero cada cual ha de aprender a escuchar la voz de su propia Sabiduría para desentrañar el consejo perfecto para su situación. Tu coach no es esa voz, sino que te entrena a escucharla y a discernirla en ti.

La idea de que tu coach debería ser un súperman o una súperwoman parte de una especie de pensamiento mágico que proyecta “la vida deseable” como un camino sin retos, o con retos fácilmente superables. Y en este anhelo olvidamos que nuestras mayores fortalezas anidan tanto en “los imposibles” que nos proponemos, como en los desafíos tremendos que, en principio, ni hemos elegido ni buscado, pero que nos toca transitar en nuestras vidas.

El mito. Tu coach es como un amigo o una amiga que mantiene tu motivación.

Los hechos. Tu coach se caracterizará por su amabilidad y cercanía, pero tiene su propio círculo de amistades y por tanto no está ahí para cultivar una amistad contigo. Lo cual no quita, por otra parte, que a la larga esta pueda surgir.

Si tu coach es profesional sabe que su labor no es motivar, sino recordarte cómo y de dónde nace la orientación a la acción en el mundo: precisamente de la acción en sí. ¿Cómo se aprueba una carrera universitaria? Estudiando aunque no tengamos ganas ni motivación. ¿Cómo se corre un maratón? Practicando de madrugada o de noche, a pesar del sueño y de la desgana que puedan surgir. ¿Cómo se termina de escribir un libro? Pasando horas escribiendo con deleite, pero también pasando horas de frustración mirando una página/pantalla en blanco. La motivación no es eso que surge, como en las películas, con música y coros de ángeles en crescendo. La motivación es algo muy ordinario y corriente que nace de la decisión, y que consigue resultados extraordinarios. ¡Tu coach te ayuda a “de-sensacionalizar” la motivación!

Tu coach te dirá las cosas que tus seres queridos a menudo no se atreven a decirte, y te desafiará con toda su destreza. Con cariño, pero con firmeza. Esto es incómodo tanto para tu coach como para ti.  Este nivel de sinceridad podría ser causa de conflicto o malestar en una amistad. También lo puede ser en una relación coach-cliente, pero es parte del proceso. Tu coach sabe que, cuando dejas de dar importancia a las opiniones y expectativas ajenas, resurge en ti el ser que nació contigo: tu esencia valiente, sabia y osada que está dispuesta a arriesgarse, a equivocarse y a fallar en el camino a crear su sueño o visión. Por ello tu coach no es tu amigo o amiga, aunque lo parezca. Tu coach es una/un profesional que hace su trabajo de forma unidireccional contigo. Las amistades son bidireccionales.

Imagen: Almos Bechtold @almosbech

En esencia, un proceso de coaching profesional sirve para recordarte quien eres y desentrañar tus imposibles para que vivas la vida no vivida que llevas dentro, sea cual fuere el contexto.

El mes de octubre tendrás la oportunidad de familiarizarte, explorar y practicar con algunos de los paradigmas y destrezas del coaching. ¿Te gustaría experimentar estas destrezas en un ambiente profesional y seguro? Sigue leyendo y aprovecha la oferta: ¡termina hoy!

Gracias por tu Compañía.

Y mucha Luz en tu Camino.

 

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