Cuando una meta es tóxica

Hace algunos años se popularizó una imagen, que aún circula por internet, de un pez saltando de una pecera pequeña a otra más grande.

La imagen supuestamente era un canto visual a la libertad.

Y el subtexto, imagino, era algo así como: 

«¡Atrévete! Da el salto y deja atrás esa situación para pasar a una mejor».

Pero claro, ¡el pez no dejaba de pasar de una pecera a otra! Y a mí eso me incomodaba tremendamente.

Imagen de transcendentteacher

Desde que me dedico a la profesión de coach, me he dado cuenta de que la mayoría de mis clientes llegan a mi consulta porque tienen lo que yo llamo un anhelo.

Y no importa si el contexto es personal o empresarial.

Siempre hay un anhelo que se expresa como (1) inquietud, ilusión o (2) malestar (ante la situación actual). Si lo piensas, en ambos casos subyace ese anhelo por crear algo nuevo y diferente.

Entonces nos sumergimos en un proceso de indagación en el que mi cliente, llamémosle Francisco, va dando forma a su anhelo (pues no siempre lo tiene claro ni lo ha verbalizado).

 Por ejemplo:

Francisco: Me he dado cuenta de que tengo muchísimas ideas, algunas de ella muy buenas, y que lo que quiero es crear una empresa.

Hecho esto, pasamos a una fase determinante que a menudo se obvia en estos procesos: explorar la fuente de motivación, la verdadera fuerza motriz. ¿De dónde arranca el impulso? Un ejemplo breve y bastante común:

Coach: Y esa empresa que deseas crear, ¿qué crees que te aportará a ti?

Francisco: Mmmm… Libertad

Coach: ¿Te sientes libre ahora?

Francisco: No, me siento atrapado, como si no tuviera opciones.

La conversación anterior con Francisco anuncia el salto inminente del pez de una pecera a otra.

¿Qué quiero decir con esto? Que a menudo confundimos una pecera mayor con el mar. Pensamos que estamos en un acto creativo, cuando lo que estamos haciendo es resolver lo que percibimos como un problema. Y esta confusión en sí puede acarrear más problemas. 

Imaginemos que Francisco crea esa empresa. ¿Crees que obtendrá la libertad anhelada a través de la empresa?

Te puedo responder rápidamente. NO. Porque cuando quiera que utilizamos algo externo (dinero, pareja, profesión, trabajo) para darnos aquello que sólo nosotros mismos nos podemos aportar (bienestar, felicidad, tranquilidad, alegría, libertad), estamos preparando el caldo de cultivo del conflicto interno.

Esto es lo que denomino una meta tóxica. ¿Por que es tóxica? Porque esperamos conectarnos, a través de ella, con algo que JAMÁS vendrá de fuera de nosotros y SIEMPRE vendrá de dentro, aunque parezca lo contrario. 

El hecho de tener una «buena meta» no la hace congruente con nosotros.

No todas las metas son congruentes ni coherentes, y no me cansaré de educar a mis clientes, a mis coaches en formación, y a mí misma para que distingamos bien y estemos atentos al espejismo de la pecera grande, no vaya a ser que la confundamos con el mar (¡yo sigo cayendo en peceras grandes, aunque cada vez salgo más rápido!).

Cansada de seguir encontrándome la imagen de la meta tóxica en artículos, páginas y redes sociales, emprendí una búsqueda para encontrar una imagen que expresara un verdadero salto a la libertad, un salto a la infinidad de opciones que sólo puede venir de estar alineada con la sabiduría y el bienestar internos.

Cuando esta alineación ocurre, jamás confundiremos la pecera con el mar porque estamos operando con nuestra brújula interna.

¡Y la encontré!

He aquí…

¡Saltemos!

Imagen de pickywallpapers

Gracias por tu Compañía.

Y mucha Luz en tu Camino.

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