¡Bienvenido Nuevo Año! Y adiós al auto-sabotaje.

 Tu vida es mucho más que las metas que te propones.

¿Te ha ocurrido alguna vez tener una meta que no logras “traducir” a la realidad? 

Y cuando se lo cuentas a alguien de confianza, tu interlocutor se pone muy serio y te vaticina: “Tu problema es que te estás saboteando. Seguro que tiene que ver con algún tema de tu pasado”. Y la conversación a continuación deriva por los derroteros de tu pasado, alejándote de donde tienes los pies ahora: firmemente plantados en el presente.

Al doblar la esquina de año nuevo, recibí este mensaje:

2013 – perder 5kgs

  2014 – perder 10 kgs

  2015 – perder 15 kgs

  2016 – perder 20 kgs

                                       2017 – luchar contra los cánones de belleza.

El mensaje me hizo sonreír porque esa misma mañana, en un programa de radio, escuché a una oyente explicarle al experto invitado, que “se saboteaba” al no lograr una determinada meta que se proponía alcanzar cada año entrante. Terminada su pregunta, la misma oyente ofreció su propia interpretación del “problema”: su madre había sido tan exigente con ella que ahora se saboteaba para no darle el gusto.

Acto seguido, el invitado le apoyó en su “tesis” y le ofreció una serie de pasos concretos para superar el conocido mal del “auto-sabotaje”.

Yo no creo en eso del auto-sabotaje. Es un concepto que no existe en mi constelación de ideas. Si lo sueles utilizar, te invito a que momentáneamente “sueltes” el término.

Lo que supuestamente subyace a lo que llamamos auto-sabotaje, es una conducta que nace de un pensamiento que dice: “es que si no me obligo a hacerlo ahora, jamás lo haré”, a partir del cual se inicia una batalla sin tregua que se libra, de forma agotadora, en nuestro interior.

No es de extrañar que esta forma de proceder vaya acompañada de una incesante narrativa interna, con su correspondiente tensión. Pero ciertamente, no es un sabotaje, pues el sabotaje es consciente y mal intencionado, mientras que esta conducta nace de un malentendido inocente que es: he de obligarme a hacer determinadas cosas.

Entonces, para conseguir la meta, no queda otra que doblegar nuestra voluntad, obligándonos a hacer algo que, tal cual está planteado, no deseamos hacer, por lo que recurrimos a la fuerza de voluntad.

Pienso que muchas de esas metas que no logramos nacen de la reactividad a un pasado percibido como incompleto e insatisfactorio. Escaneo el año recién terminado, busco lo incompleto, fracasado e insatisfactorio y a partir de esa óptica me propongo nuevos (o los viejos) logros. ¡Cualquiera cumple desde este estado reactivo!

Y, cuando estamos en modalidad reactiva, ¿qué ocurre? Pues que nuestro estado emocional se agria al tratar de afrontar una amenaza (la meta obligada), nuestro cuerpo se tensa y diminuye nuestra capacidad de pensar con claridad porque nuestra energía está ocupada en evitar más que en crear.

Por ello pregunto: ¿cuáles son tus “debería” ocultos? Puedes hacer una lista y anotar lo siguiente:

Debería... [y completa la frase tantas veces como quieras]… adelgazar/hacer ejercicio/aprender inglés/invertir mi dinero con mejor criterio/ser más amable con mis hijos/crear más intimidad con mi pareja/cambiar de una vez por todas de trabajo/estudiar algo nuevo].

“Debería” es lo que está a la sombra de muchos de esos propósitos que se antojan inalcanzables. ¿Notas la tensión física al conectar con la mera idea?Ahora te sugiero que tomes la hoja donde has anotado la lista de los “Debería” y que hagas lo siguiente: rómpela.

Eso es. Porque a nadie le gusta hacer algo por obligación, por muy “auto”-impuesta que sea.

La fuerza de voluntad es tremendamente útil cuando necesitamos una dosis de energía importante para lograr algo en un momento puntual o en un período muy específico en el tiempo.

Pero vivir gestionando nuestras vidas a golpe de fuerza es, cuando menos, desgastante.

Nuestro sistema no está diseñado para “gestionar” la mayor parte de nuestras vidas con fuerza de voluntad, por obligación. Nuestro sistema está diseñado para vivir mayoritariamente guiados por la inteligencia del momento presente, por nuestra intuición, evitando el excesivo consumo de energía de la mente racional.

El profesor de ciencias empresariales William Duggan, de la Columbia Business School, después de una exhaustiva investigación acerca de las mejores condiciones para lograr lo que nos proponemos, concluye que influye más en este proceso (1) prepararse para la oportunidad, (2) identificarla cuando surge y (3) aprovecharla, que creer en uno mismo,  y dedicarse a trabajar duro con las metas por sistema. ¿Sorprendente? Piensa en tu experiencia personal y saca tus propias conclusiones.

Y esto es lo que ha descubierto Duggan en sus investigaciones: cuando nos preparamos para las oportunidades, sin forzarlas, surge la “intuición estratégica”. ¿Por qué “estratégica”? Porque este tipo de intuición es más que una mera sensación, porque viene acompañada de claridad y de información específica de los siguientes pasos a seguir. ¿Te suena?

Por ello te invito este año a soltar esas metas que llevan un “debería” implícito y que se hacen presentes en forma de batallas internas. ¿Cómo saber si tu propósito lleva un “debería” implícito? Las pistas para mí son: tensión física, ausencia de deleite, y exceso de narrativa con respecto al propósito.

Propongo, en estos casos, que estemos allí donde están nuestros pies, es decir, aquí, ahora.

En lugar de proponernos “llevar una vida saludable”, preguntarnos, “¿Qué es lo saludable para mí en este instante?” Y si la respuesta es “levantarme y estirarme” lo puedo hacer ahora. Y si la respuesta es “hacer un ayuno”, lo puedo hacer ya.

De esta manera, puedes expresar tu voluntad de una forma más creativa y adecuada al instante presente.

De esta manera, puedes liberar la energía, cautiva en la batalla de los “debería”, para que quede disponible y darle forma hoy, ahora, a tu antojo.

De esta manera, puedes extraer tu atención y energía del mundo de las ideas y centrarla, no en la rígida cartografía de los “debería”, sino en diseñar la vida que llevas dentro de acuerdo a los susurros de tu sabiduría infinita.

Gracias por tu Compañía.

Y mucha Luz en tu Camino. 

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