Desandar el camino de la auto-duda con una sola pregunta

Decía la escritora Rita Mae Brown que la recompensa al conformismo es que a todo el mundo le gustas menos a ti.  Por otra parte, ¿cómo dejar de ser conformista en una sociedad en la que educamos (y nos educamos) en la uniformidad y la conformidad y castigamos con frecuencia la disensión y la discrepancia desde todos los ámbitos (familiar, social, político…)?

Las culturas modernas son un perfecto reflejo de nuestras propias contradicciones como seres humanos. Y es que no podemos ignorar que vivimos a las órdenes de un sofisticado cerebro cuya arquitectura orienta nuestra expresión en el mundo y en nuestras vidas. Y la expresión más primitiva de este cerebro es la garantía de supervivencia, de seguridad y de amparo, condiciones que suelen venir aparejadas con la pertenencia a un grupo o a una tribu que nos proteja… Y esto hace la tribu, siempre y cuando acatemos sus normas, claro.

Por otro lado, opera también en nosotros la influencia del aspecto más avanzado de nuestro cerebro, que es capaz de cuestionar, evaluar, reformular y actuar para generar cambios contundentes en nuestra manera de relacionarnos con el mundo que nos rodea y de crear lo nuevo y diferente.

El tercer aspecto y del que se habla menos es el «yo esencial», a mí me gusta llamarlo sabiduría infinita porque todo ser humano participa de esta inteligencia. Con ello me refiero a la inteligencia que hace que, a pesar de estar vacía si la cortas en dos, la semilla de un tomate contenga toda la información para crear un tomate en las condiciones adecuadas. O que una bellota se convierta en roble. Esa inteligencia de donde nacen los momentos de lucidez, la inspiración, el talento.

El problema surge cuando a fin de pertenecer, de sentirnos seguros, de ser aceptados, nos identificamos con el falso yo, el yo condicionado y des-educado (todo lo que no nos potencia nos des-educa) alejándonos de quienes somos verdaderamente. Este yo vive en la auto-duda y la auto-duda es, de todos los estados, el más desgastante porque nos induce a buscar la aprobación continua, a ser hipersensibles a la crítica, y a buscar parches temporales y falsos refugios para sentirnos «moderadamente bien», sentir que pertenecemos y evitar cualquier tipo de lo que interpretamos como «rechazo».

La auto-duda es hermana gemela de la vergüenza, esa emoción que surge cuando nos evaluamos desde una mirada ajena que enjuicia nuestras decisiones, nuestros errores y todo aquello que no encaja (en-caja) en el yo condicionado por lo socialmente aceptable.

Y es que nuestra cultura es como un club privado que potencia su existencia. No podemos «pertenecer» automáticamente, tenemos que ganarnos la aprobación del club demostrando que somos, que hacemos y que tenemos todo aquello que la sociedad (que somos tú y yo si estamos en ella, no lo olvidemos)  ha tildado de deseable y que no mencionaré aquí.

Y es así como esta sensación de auto-deficiencia se va convirtiendo en una creencia (un pensamiento repetitivo) y en el filtro que determina nuestra relación con nosotros mismos y con las personas que nos rodean. Como nunca «soy suficiente», me siento en guerra conmigo misma, separada en cierta medida de las demás personas, desconfiando de todo mi potencial. De esta forma mi universo se contrae y vivo en tensión con el mundo.

Lo vemos en la ingeniosa escena de la película de Woody Allen, «Desmontando a Harry»: al limitar nuestro potencial dudando de él, nos experimentamos con la mirada desenfocada, y limitamos nuestra expresión en el mundo. Ello conlleva a que las personas de nuestro entorno nos experimenten de manera similar. Y terminamos viviendo en realidades distorsionadas por nuestras interpretaciones.

¿Cómo pues podemos afinar nuestro enfoque y volver a confiar en nuestra esencia, en lo que ya somos? Te propongo una única pregunta:

¿Quién eres sin la creencia de que no eres suficiente, de que te falta algo, de que queda algo por hacer, para poder ser plenamente tú?

¿Cómo responder a esta pregunta? Y aquí está en quid de la cuestión. No desde la cabeza, no desde el mundo de las ideas, no desde la palabra. La única forma de responder a esta pregunta es desde el Corazón. Sintiendo. Desde el Ser. Dejando de ser ola para convertirte en océano donde la ola tiene permiso para ser pero está conectada plenamente a sus recursos, a la fuente.

Por ello te invito a responder de nuevo a la pregunta, y esta vez, déjate sentir y expandir tu mirada: ¿Quién eres sin la creencia de que no eres suficiente, de que te falta algo, de que queda algo por hacer, para poder ser plenamente tú?

Gracias por tu Compañía.

Y mucha Luz en tu Camino.

 

About the author

Leave a Reply

Entradas Recientes

Categorías