Camino a la serendipia: qué hacer cuando el trabajo se convierte en tortura.

Me encanta el lenguaje.

Las palabras son como seres vivos con alma que tienen su propia evolución, su propia historia. Busca la etimología de cualquier palabra y te puedes llevar una sorpresa mayúscula.

Por ejemplo, ¿sabías que la palabra «trabajo» deriva del latín tripalium, y que el tripalium era un instrumento parecido a un cepo con tres puntas que se usaba inicialmente para sujetar caballos o bueyes mientras los herraban? Y eso no es todo, el tripalium luego pasó a utilizarse como instrumento de tortura para castigar a reos y a esclavos rebeldes. De ahí el verbo tripaliare, que significa ‘torturar’, ‘causar dolor’.

Da qué pensar, ¿no crees? ¡Cuántas veces a lo largo de la vida nos encontramos «tripaliando», es decir, tolerando el trabajo como una tortura! Y excluyo de este tema cualquier contexto de abuso o esclavitud.

Cuando comenzamos a experimentar rutinariamente el trabajo como tripalium, quizás sea hora de hacer una pausa y re-considerar. 

Es importante saber que a veces llevamos tanto tiempo anclados en la reactividad, que esta nos mantiene en el mismo sitio, experimentando las mismas sensaciones de frustración y de falta de progreso como algo tan normal que empezamos a asociar el trabajo al tripalium. Algunas expresiones comunes de esta reactividad son (alguna de mi propia cosecha en el pasado):

    • Adoptar la actitud de «yo contra el mundo». Pelearnos con el mundo, con la crisis, con los políticos, con la empresa pública o con la privada por nuestro trabajo nos desgasta y mantiene apegados de forma improductiva a las emociones incómodas, convirtiéndolas en destructivas. ¿Quiere decir esto que dejemos de contribuir a cambiar cómo está planteada la sociedad? Claro que no. Pero entonces, decide cómo puedes contribuir a ese cambio y pasa a la acción. Tú y yo somos el mundo: pelearnos con él sin más es pelearnos contra nosotros mismos sin generar nada nuevo. Y esto nos encamina al tripalium.

    • Centrarnos en todo lo que hemos invertido. Cuando el tiempo, el esfuerzo y el dinero que hemos «invertido ya en esto» se convierten en un impedimento para avanzar y crear cambios deseables importantes, experimentamos el tripalium.

    • Zigzaguear. Ocurre cuando llevamos años pensando que «esto pasará», y nos agarramos a cualquier mínimo cambio para decidir que por fin vamos camino al rescate, para luego volver a caer en la frustración porque todo vuelve a ser igual. Estamos en el tripalium.

    • Anclarnos en las quimeras de siempre. Esperar a que llegue ese día en que ganemos la lotería o que mágicamente llegue alguien a rescatarnos, nos ancla en la fantasía. Puede que ocurra, la vida nunca deja de sorprendernos. Pero mientras tanto, ¡sálvate tú!, porque de lo contrario estarás esperando en el tripalium.

Adiós al tripalium y bienvenida la serendipia.

Fuente imagen: tumblr.com

No voy a pretender en esta breve reflexión cambiar tu vida o decirte lo que hacer. Pero sí puedo compartir contigo acciones que me han ayudado cuando me he encontrado «tripaliando». Incluyo también ideas que han surgido de mis clientes, a veces de manera orgánica e intuitiva, sin seguir un guión predeterminado. He aquí algunas de ellas:

  • Haz pausas. Si no hacemos pausas en nuestras vidas, ¿cómo vamos a reevaluar nuestra situación para saber dónde estamos y tomar nuevas decisiones? Crea un espacio, tiempos de reflexión para considerar tu situación, para hacerte preguntas inteligentes y comenzar a crear una experiencia nueva y diferente. Dos preguntas sencillas: ¿Cuál es la nueva experiencia que deseo crear? ¿Cómo la estoy creando o dejando de crear cada día que pasa? Puedes hacer esto con la ayuda de un buen amigo o amiga que te ayude a reflexionar sin hacer que te sientas culpable y sin presionarte para que acates su visión de las cosas. En esto último elige con discernimiento.

  • Crea nuevas acciones o nuevos hábitos. ¿Qué nueva acción creará una nueva experiencia laboral para ti? Una nueva tarea, una nueva forma de relacionarte, o dejar de hacer lo que no tiene valor para ti pueden ser pequeños pasos que transformen tu experiencia del trabajo. Por otra parte, veces no es cuestión tanto del trabajo que hacemos, sino del estilo de vida que elegimos llevar fuera de él. El tiempo pasa y nos dejamos atrapar en constantes «debería y tengo que» a lo largo de nuestro día. Nos olvidamos de deleitarnos en lo que tenemos cerca, de pausar con nuestros seres queridos o con nosotros mismos, de crear tiempo de ocio en el que disfrutamos de la cultura, de una actividad placentera, de algún pasatiempo olvidado, que queremos desarrollar. 

  • Crea o busca contextos en los que conocer a nuevas personas. Una sola persona puede convertirse en un faro que arroje luz sobre tu situación, ¿no te ha ocurrido alguna vez? Alguien dice algo que cambia absolutamente tu manera de ver las cosas y tomas una nueva determinación seguida de acción contundente. La tristeza, la insatisfacción y la frustración, cuando campan a sus anchas sin nuestra sabia consciencia que las guíe, pueden hacer que poco a poco entremos en el trance hipnótico de «no soy suficiente», «quién va a querer mi compañía» (sustituye con tu queja particular) y terminamos aislándonos. Lo cierto es que los seres humanos nos necesitamos mutuamente. Por lo tanto, volver a conectar con otras personas nos ayuda a conocernos mejor y abre nuestra mirada al mundo, creando nuevas formas de estar en él, nuevas ideas y nuevos impulsos.

  • Aprovecha tus noches, mañanas o fines de semana. Suma las horas que pasas de forma pasiva ante la TV,  ante el ordenador o en otra actividad improductiva (con ello me refiero a ese tiempo que la mirada retrospectiva percibe como perdido). Es humano caer en ello. Pero también es humana la capacidad de re-decidir, de optar por nuevas decisiones y de reorganizarnos. Podemos empezar con lo que llamo «baby steps», pasitos de bebé,  investigar lo que nos gustaría hacer o aprender, o encaminarnos hacia aquello a lo que nos gustaría dedicarnos (formación, una nueva carrera u otras opciones) e invertir una nueva porción de nuestro día en ello.

Lo dije al inicio. Me fascinan las palabras. A veces parece que tienen alma. Una de mis palabras preferidas en inglés es «Serendipity». Me encanta su sonido (el español «serendipia» no tiene el mismo tintineo). Y serendipity  viene a sugerir un descubrimiento afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta. Y he ahí la clave. El hecho afortunado realmente te encuentra a ti cuando estás con tu atención plena en plena búsqueda.

Y es entonces cuando ocurre: en el momento más inesperado pasas del tripalium a la serendipia.

Gracias por tu Compañía.

Y mucha Luz en tu Camino.

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